El año pasado presentó enormes desafíos para las empresas de todo el mundo. Entre las tensiones geopolíticas persistentes, las controversias arancelarias renovadas y la volatilidad macroeconómica, la confianza empresarial disminuyeron y las decisiones de inversión se volvieron más cautelosas. Al mismo tiempo, las perturbaciones de la cadena de suministro una vez más llegaron a la vanguardia. Para las empresas, la capacidad de adaptarse rápidamente a los cambios a corto plazo en la demanda se ha convertido no sólo en una ventaja competitiva, sino en una necesidad de supervivencia.
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